Historia y cultura, dos elementos estrechamente relacionados, la historia fundamenta la cultura y la cultura vivifica a la historia en cuanto que, le produce dinamismo permitiendo vivenciar en el presente los acontecimientos del pasado de modo perceptivo y dejando como legado la Riqueza del intelecto. La historia registra la sucesión de hechos como acontecieron y la cultura forma al individuo, el carácter, la manera de pensar, manifestar, actuar y ver las cosas.
En el plano del saber y desde la perspectiva de quienes nos han edificado con sus pensamientos, sapiencia y sus indagaciones en el origen, la naturaleza y hasta las consecuencias de los hechos que conocemos como historia, nos permiten pensar que, no sólo son los de ayer sino también los acontecimientos del presente, los elementos que configuran la historia, ya que lo que hoy es nuestro presente mañana será nuestra historia.
Si escribir un libro es crear una historia académica, escribir un poema es cultivar un pensamiento o agrupar los sentimientos que embellecen nuestra cultura, de igual manera sembrar un árbol es construir una historia armónica con la naturaleza inspirado en el bien común, así como plasmar los sentimientos del corazón inspirados en los elementos vivos de la naturaleza, nos hace pensar ¡que bellos es nuestro creador! A eso también le llamamos historia positiva
Cuando pensamos en el valor de nuestra existencia, en lo que somos, de donde venimos y hacia dónde vamos, entonces nos doremos cuenta que todo lo que hacemos y somos en nuestro presente, mañana será nuestra historia.(San Francisco de Asís, en su canto a la creación, “Cántico a las Criaturas” Loado seas mi Señor, expresa con su cántico la importancia de lo creado, inspirado e inspirando a desarrollar una cultura de encuentro entre lo natural (humano) y lo Sobre Natural (Dios), Loado seas mi Señor, por el sol y las estrellas, por la creación entera, loado seas mi Señor, conjugando lo sublime y lo natural, una verdad que permanece en el tiempo. Ha esto le llamo historia de amor que no muere con el tiempo.
Verdades que no Perimen, tiene esa finalidad, ayudarnos a descubrir en el tiempo esos valores que por siglos y generaciones han hecho posible felicidad y edificación del ser humano, ya que el concepto de la verdad solo lo puede explicar la verdad misma.
Friedrich Nietzsche, en un ensayo filosófico publicado en 1873, titulado, “Sobre Verdad y Mentira en sentido Extramoral” ofrece una perspectiva sobre la verdad, la mentira y la moral en la filosofía humana. Sostiene que la verdad como la entendemos es, en su esencia, una construcción humana basada en convenciones y metáforas. Pareciendo esto parecería como una relativización de la verdad. En cambio, otros autores como el Evangelista San Juan (Jn 8, 31-32) presentan la verdad como un valor absoluto, relacionada con el conocimiento, señalando lo que decía Jesús a los judíos que habían creído en Él, si conocieran la verdad, la verdad los hará libres. De manera que, en este inicio de construcción de conocimientos, nos apegamos a la búsqueda de una verdad que nos ayuden a edificar nuestro ser fundamentado el conocimiento no sólo conceptual sino en el Espíritu mismo del ser como persona.