Algunas aproximaciones sobre la amistad, una verdad que conocemos y de la que todo ser humano se siente dueño o parte. El siglo VIII y IX, muy marcado por la corriente de pensamiento filosófico, se reflexionó el tema de la amistad. Aristóteles en su libro de Ética Nicómaco, define la amistad como lo más necesario para la vida feliz (Ética Nicómaco 1155 Ac) sosteniendo que nadie puede vivir sin amigos, haciendo ver que, la amistad es algo hermoso, bello y noble, que constituye la realización más plena de la sociabilidad y la forma más satisfactoria de convivencia.
Aristóteles definía como formas o tipos de amistad: la amistad basada en la utilidad, la amistad basada en el placer y la amistad basada en el bien, es decir, en la virtud o excelencia de la persona a la cual se quiere. En las dos primeras formas de amistad no se quiere al amigo por sí mismo, sino accidentalmente, no se quiere al amigo por lo que es o por el que es, sino porque coincide que tal individuo nos resulta útil o placentero. Solamente en la amistad basada en la virtud, o en la excelencia, se quiere al amigo por él mismo.
Siendo la amistad, uno de los valores que constituyen esencialmente la fortaleza humana y espiritual ser humano, que contribuye a la salud física, mental y emocional de la persona, le crea un estadio de felicidad al individuo que hace recíproco el afecto recibido, de igual manera al que lo ofrece con la lealtad que se merece, entonces es necesario conjugar el mundo actual en estos principios que hace que la vida fluya en un contexto de total armonía.
Su importancia consiste en ser uno de los elementos que hacen más feliz al ser humano, es la manifestación de una amistad virtuosa, honesta, afectiva, leal, transparente y bidireccional, en la que recibimos lo que damos, a esto se suma como riqueza la fidelidad al cariño o el afecto profesado que obviamente tiene que ser con el otro, ser amigo entonces es ser con el que es.
La naturaleza es considerada por mí como la mejor amiga del ser humano, tan perfecta como su creador, genera vida en tu vida, posibilita la perfección del mundo interior, genera las condiciones que hacen feliz al ser humano, suple cuando falta y es la mejor aliada par la imaginación perfecta. Cuidarla, amarla y respetarla nos perfecciona, llevándonos a asumirla como nuestro mayor compromiso de colaboración con la vida. Con esto quiero decir, que la verdadera amistad es como la naturaleza, que tiene todo al alcance de aquellos que quieren ser mejores, que aman la virtud.
Ser amigos es una expresión de amor hacia la otra persona, como decía Teresa de Calcuta “Ama hasta que duela y cuando te duela sigue amando” amar desde el respeto, la aceptación y con libertad. Si hacemos una mirada al discurso Cristológico de Jesús frente a sus discípulos (Jn 15, 1-17) les exhortaba a que no dejaran de amarse, si hacen esto, yo los amaré como mi Padre me ama y esto se lo dijo para que sean felices.
La única condición para la amistad es ser amigos, así como la única condición para el amor es amar y como decía San Agustín “Ama y has lo que quieras” (Ama et quod vis fac) conquista dos veces quien a la hora de la conquista se conquista así mismo. La gran riqueza del ser humano, es la felicidad que se construye en el minuto a minuto de su existencia amando y haciendo amigos, conquista quien perdura, porque el amor todo lo vence. Un amigo es otro yo en su libertad de ser amigos. A mis amigos les digo, los quiero amigos, y como dice un autor desconocido, la amistad es un tesoro que adquiere valor en el tiempo.